sábado, 21 de marzo de 2009

Sí a la vida

¿En que momento la vida comienza a ser vida? o mejor aún, ¿Cuál es el valor de la vida?
Desde un punto de vista cristiano, y de cualquier confesión religiosa, la vida empieza en el preciso instante en que el óvulo es fecundado. Aunque muchos opinan que solo es palabrería de unos cuantos, ya rancios y anticuados, hace poco tiempo en una marcha a favor de la vida había gente de todo tipo y condición; desde familias, solteros, trabajadores, personas de diferente ideología política y creencias religiosas, e incluso algunos que no se decantaban por ninguna religión. Aquellos que decían que era cosa de viejos curas anclados en una fe agonizante, deberían primero leer periódicos, o simplemente oir las noticias. En España ya hay más de mil médicos que se declaran en contra del tan polémico aborto, que defienden la idea de que nadie tiene derecho a arrebatar una vida. Comprendo que ante un caso de violación, por ejemplo, se practique el aborto. Creo que la vida debe ser fruto del amor entre dos personas. También entiendo que si la vida de la madre peligra, o la del feto, se practique, puesto que es algo decisivo.
Por otra parte, muchos de los que apoyan el aborto dicen que hay que defender el derecho a elegir de la madre, que somos una sociedad moderna y debemos defender los derechos del individuo, y la pregunta es, ¿no es también un individuo ese pequeño ser humano?, ¿no dice el artículo tres de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”?
Y ahora se pretende que cualquier mujer desde los 16 años pueda abortar si quiere, que pueda detener el embarazo sin consentimiento paterno, mientras este no sobrepase las 12 semanas, mientras ese niño no tenga más de 3 meses de vida.
Pues bien, casi al cumplirse el mes, el corazón comienza a latir. En el segundo mes se forman los ojos y empiezan a crecer los brazos y las piernas. Los órganos internos y el cerebro se van desarrollando. El embrión mide 3 centímetros y pesa unos 3 gramos. Y finalmente a los tres meses de gestación, justo cuando el plazo se cumpliría, la criatura ya está plenamente formada, mueve las piernas y los brazos, tiene párpados y mide unos 10 centímetros.
Y ese pequeño latido, ese imperceptible y rítmico impulso, aun siendo inocente de cualquier delito, puede ser condenado a muerte, al igual que un asesino en serie. ¿O es que acaso el hecho de ser engendrado sin deseo de los padres es un delito? Pues entonces se debería condenar la irresponsabilidad de los llamados padres, por no pensar en las consecuencias de sus actos. En el mundo hay un montón de mujeres, de familias, que por uno u otro motivo no pueden tener hijos. ¿Cómo deben sentirse cuando oyen en las noticias que se quiere reformar la ley para legalizar el aborto, un aborto que ha ellos les privaría de la posibilidad de adoptar y acoger a un niño en su hogar?
Hay que aceptar el hecho de que se engendren niños no deseados, ya que parte de la sociedad considera que la libertad es un derecho propio y que comienza por ser dueño de tu cuerpo y hacer con el lo que quieras. Pero hay solución a un embarazo no deseado. Se puede dar a ese bebé en adopción, no matarlo cuando aun no ha visto siquiera la luz. Se puede convertir la infelicidad de la madre en la felicidad de una familia que desea poder dar cariño y seguridad al niño, una familia que se compromete a quererlo y cuidar de él.
La defensa de la vida y la oposición al aborto no es cosa de ideologías o creencias; es cosa de conciencia, de dar prueba de que somos personas y razonamos de acuerdo a ello.
Para terminar quiero citar dos frases de dos personas que se han declarado en defensa de la vida. La primera de Juan Pablo II, que dijo “No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente si es inocente e indefensa, como es la de los niños que todavía no han nacido” y la segunda de Jesús Poveda, profesor de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid y Presidente de Pro-Vida Madrid, que declaró “Cuando el gobierno ve a un ecologista jugarse la vida por un huevo de halcón, ve en él un héroe, y cuando ve a un pro-vida en la puerta de una clínica abortista, ve en él a un fanático.”

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